Aprende a soltar, dejar ir, a desapegarte de una vez
por todas
SOLTAR,
DEJAR IR, DESAPEGARSE
En mi opinión, una de las causas que propician
sufrimiento es el hecho de que somos tan posesivos, y estamos tan apegados a
las personas o a las cosas, que no sabemos ni aceptamos soltarlas y dejarlas
ir.
Todo en la vida y todo en el mundo es cíclico. Todo se
basa en un ciclo en el que todas las cosas nacen y mueren, todas tienen un
comienzo y un final, todas están y dejarán de estar. Y hay que aceptarlo tal
como es. Y aceptarlo evitará una serie de sufrimientos innecesarios, de esos
que no aportan algo positivo.
La No Permanencia es la base de todo.
La inmortalidad no existe para nada de lo que hay
sobre la Tierra.
Nada existe a perpetuidad.
Ni siquiera las cosas que no quisiéramos perder nunca,
ni las personas a las que tanto amamos y amaríamos hasta el infinito, ni lo que
nos produce placer, ni lo más ansiado. Nada.
Todo tuvo un principio y todo tendrá un final.
Incluso nosotros mismos.
La vida es un perder continuo. Perder cosas, perder
amigos, perder familiares, perder la juventud, hasta perder la propia vida…
siempre estamos perdiendo y así hay que aceptarlo ya que la oposición y la
negación no sirven para nada.
Las cosas hay que disfrutarlas o amarlas mientras
están. Mientras es posible.
La consciencia del Aquí y Ahora en este caso es muy
útil.
Todo se acaba: los buenos momentos y los malos, las
películas y las cenas, los viajes y las canciones, y el hecho de que algunas
cosas –no todas- se puedan volver a repetir nuevamente eso no quiere decir que
será por siempre.
Me gusta el cuentecito que relata que un Maestro
llevaba siempre en sus bolsillos dos papeles. Cuando estaba en un momento
excelente, sacaba de su bolsillo un papel donde estaba escrito: ESTO PASARÁ.
Cuando estaba en un momento difícil, sacaba de su bolsillo izquierdo otro papel
donde estaba escrito: ESTO TAMBIÉN PASARÁ.
Para todo hay una última vez, y conviene ser muy
consciente de ello. Yo pienso a menudo en este asunto, y vivo a conciencia y
luego me despido de las cosas, de los sitios, e incluso de las personas cada
vez que estoy en ellas o con ellas.
Cuando estoy con una persona mayor siempre me despido
como si fuera la última vez que la voy a ver. Posiblemente esta sea la última
vez que estaré en la India, pienso si estoy en la India. Esta es la última vez
que veré esta puesta de sol –aunque pueda ver otras parecidas- digo cada vez
que veo una puesta de sol. Y ser consciente de ello me hace apreciarlo todo aún
más, con otra intensidad distinta, con una especie de avaricia de sacarle todo
el jugo para atesorarlo con plenitud. Hacerlo así, me deja muy en paz.
Conviene aprender a desapegarse de todo para evitar
que su falta o su ausencia provoquen sufrimiento. Y esto no quiere decir
“aprender a no disfrutar las cosas”, que no importen las cosas, sino ser
conscientes de su existencia mientras existen y darles permiso después para que
se terminen porque ya han cumplido el ciclo que relación que nos correspondía a
ambos.
Es muy beneficioso evitar las adicciones a las
personas y las cosas. Y no pretendo ni siquiera insinuar que es mejor ser una
persona insensible que no se permite el sentimiento placentero para evitar el
posible posterior sentimiento doliente, sino que las adicciones parece que sólo
aportan una parte negativa duradera tras la aparente euforia inicial que
provocan.
Soltar… que dure mientras dure para luego dejarlo ir.
Todo. Fue muy bonito mientras duró, pero ya antes del principio sabíamos que
tenía un fin.
Dejar ir… que cada cosa y cada persona siga SU ritmo,
SU vida, SU destino, y no el que nosotros queramos.
Desapegarse… Despegarse… Vivir –nosotros y los otros-
en libertad.
Aceptar… que las relaciones con las personas y las
cosas tienen un final, y cuando éste llegue aceptarlo sin hacer de ello una
drama.
No es fácil, pero es Ley de Vida y es conveniente
aceptarlo así.
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