¿Quieres ser feliz o tener razón?
Por Laura Foletto
Como buena Ariana, he sido muy
discutidora. Con una sed por aprender y saber inmensas, mis conocimientos
me hacían imbatible. Inconscientemente, ponía mucho de mi autoestima en
ello. Con el tiempo, eso me trajo problemas porque podía ser invasiva o
mostrarme como sabelotodo. Empecé a callarme y seleccionar mucho cuándo
era necesario hablar. El silencio me está
pareciendo una gran opción.
Pero, había otro tema detrás: querer
tener razón. No es solo algo que me pasara a mí: todos desean que su punto de vista sea el vencedor o que sus
decisiones sean aprobadas. Gastamos una gran cantidad de
energía en eso, al punto que podemos perder amigos o familia por intentar
convencer a los demás (y “ganar”).
Cada asunto puede ser observado desde
diferentes niveles y muchas veces lo que es cierto en uno, no lo es en
otro. La mayoría tiende a ver solo una parte (la que
le conviene) y pelea para negar o desestimar la otra. Eso los
hace vulnerables y pasibles de ser engañados. Por supuesto que existen
puntos ciegos en todos: para eso sirve escuchar, ya
que así nos enriquecemos al sumar niveles que nos resultan difíciles de
advertir o entender por nuestro carácter y experiencias. Lamentablemente,
pocos adoptan este beneficio. En lugar de ser más inclusivos, estamos cada vez
más más intolerantes.
Como es normal, esto tiene que ver con
la dualidad. Nos identificamos con un extremo y rechazamos el otro.
Al reconocer la totalidad, podemos comprender integralmente un asunto o una
persona. Esto nos lleva al desapego, ya que no necesitamos tomar
partido fanáticamente o amar/odiar a alguien enteramente. En la
aceptación, cesa la lucha.
Últimamente, un dicho me da vueltas:
“¿Quieres tener razón o ser feliz?”. Quiero ser feliz. En el fondo,
no es una decisión superficial ni que me vino por descarte. Se fue dando naturalmente, al irme desapegando.
Las supuestas grandes opciones (religiosas, políticas, sociales) no me importan
ni me representan. En las pequeñas (alimentación, ropa, entretenimientos)
fluctúo de acuerdo a mi necesidad.
Al aceptarme totalmente, puedo reconocer
que soy todo y que formo parte del todo, recibiendo todo en presencia total. Parece un juego
de palabra pero es una vivencia que se va haciendo más fuerte y que me permite
estar en armonía. Thich Nhat Hanh dijo: “El milagro no es caminar sobre
el agua. El milagro es caminar sobre la tierra verde en el presente, para
apreciar la belleza y la paz de la que se dispone ahora”. Creo que la felicidad tiene mucho que ver con la paz interior.
Me parece que nos identificamos con partidos políticos o religiones o
grandes ideas y discutimos enfáticamente porque no nos hemos tomado la sagrada
labor de conocernos y conectarnos. En mi experiencia, al hacerlo terminamos soltando todas esas anclas y encontrando verdades
vivenciales pequeñas y cotidianas, que llenan el corazón y permiten reconocer
lo extraordinario de la Vida. Lo paradójico (y toda verdad es
una paradoja) es que tenemos que pasar por todo lo anterior para llegar a esa
conclusión. Sea como sea, es un viaje maravilloso y no cambiaría nada del
recorrido. ¿En qué parte del camino andas? Privilegia tu felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario